Advertencia

"Las personas que intenten descubrir motivo en esta narración serán enjuiciadas; las personas que intenten hallarle moraleja, serán desterradas; las personas que intenten hallarle una trama, serán fusiladas. "
Mark Twain

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Francofilia

"Yo no sabía que era un fauno. Pero no, ahora me doy cuenta, soy un centauro. Patas delanteras flacas e inestables, como las de la vaca brava. Miro las vidrieras. Aquí un centauro-maniquí, con camisas wash&wear. Allí el semáforo verde y otros cinco centauros que cruzan Dieciocho. Dos de ellos con mujeres a cuestas, como en las motonetas. Desde que soy un centauro, busco una mujer para llevar a cuestas"
Mario Benedetti, Gracias por el Fuego

"The smell of you in every single dream I dream"
Train

"In dreams, emotions are overwhelming"
Shepane, The Science of Sleep
Qué dicha la de aparecer en una choza de madera, pintada a ratos de verde y con las puertas anaranjadas. Estamos acá, negra, estirá la mano hacia tu izquierda y tocá la pared del antecomedor. Afuera están pasando un grupo de gaviotas de papel, boronas de origami de una escena anterior. Mi tía está sentada en la mesa blanca de la cocina abriendo todos los pistachos de una bolsa, uno por uno. Mientras tanto, nos canta algo de Édith Piaf y a nosotros, que estamos recostados contra la pared llena de retratos de señores arrugados, nos suenan cosas diferentes. La tía, con cara de actriz de Hollywood, eso sí, abre cada pistacho y le exprime tu olor en una copita de plata. Abre y exprime, abre y exprime. Olé, negra, la casa entera se llena de vos y yo empiezo a tirar aviones de papel por el balcón del segundo piso. Vos te reís, pero me pasás las hojas más derechitas y yo las hago volar hasta el árbol segundo que se cae de tantas mandarinas que nos hacen eco de las risas. Salimos en un avión de esos, negra, encajados en una bandada de Pájaras Pintas que nos remolcan y me decís que entonces voy yo solo. Ahora soy un caza británica que sobrevuela las Malvinas y alguien está dejando caer canicas en la parte de atrás de mi casco de piloto. Si me vieras ahora, negra, vuelo derechito y hasta puedo hacer piruetas en el aire y tengo un uniforme que me hace ver los hombros grandes y una pelota de medallas en la parte izquierda del pecho. Pero no sé qué dirías. Persigo ahora a un hipopótamo alado y desde el control de la fuerza aérea me habla una niña de cuatro o cinco años en un francés exquisito y me cuenta de la historia de un grupo de animales alados que realmente no entiendo porque ya decidí dejar de asignarle significado a esos sonidos. Le disparo al hipopótamo por tristeza, a vos no te gustaría verlo así alado y errante. Cuando revienta, como un globo de helio, me huele a tu mejilla y sé que es estúpido porque las cabinas de cazas británicos son herméticas y vos no estás aquí. Mi tía todavía debe estar quebrando pistachos y mi abuelo arrancándole hojas a la matilla de menta que tenemos en el patio. Afuera siguen las aves de origami, sólo que ahora son lechuzas y el avión británico estacionado en la cancha de béisbol. Estoy sentado en la mesa del antecomedor de la choza de madera que alguien pintó de verde, pero sólo en ciertas partes, y quiebro pistachos para no olvidarme nunca. Con pesar te comunico, negra, que dejé de verte. En el marco de la puertita que da con la cocina hay un nido muy grande, con tres huevos enormes de Pájaras Pintas y estoy seguro que si quiebro uno vas a salir leyendo un soneto de Shakespeare o con una polaroid. Suena a catarata y huele a vos; alguien debe estar sacudiendo el árbol de pistachos.

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